Historia
Si
la historia social de la enseñanza de la matemática aún adolece de importantes lagunas
analíticas y descriptivas (Schubring 1991), la historia de la didáctica de la
matemática no se encuentra en mejor estado.
Si se dice que la historia de la matemática es un recurso importante a
la hora de comprender mejor los conocimientos matemáticos (por el paralelismo
que se puede establecer entre la génesis del conocimiento científico y la
génesis del aprendizaje de los alumnos), la historia de la matemática tiene más
que resultar un instrumento adecuado para comprender las tendencias actuales y
cómo se ha llegado a ellas.
Por tanto, buscando en la historia, lo único que se puede encontrar en
un conjunto de personas relacionadas con la enseñanza de la matemática, y que
expresan sus opiniones sobre cómo se debe enseñar. J. J. Rousseau, por sus propias concepciones
filosóficas, elaboró una importante reflexión sobre la educación y las
instituciones, comenzando a plantearse que la lógica evolución del niño ha de
requerir distintas formas de educación, pero el lugar dedicado a la enseñanza
de la matemática resulta prácticamente inexistente.
Otro
precedente, este ligado directamente a la enseñanza de la matemática, fue A. C.
Cairaut (1713 – 1765), que publicó diversos libros de matemática destinados a principiantes,
y en los que siempre tenía presentes los principios de su forma de entender la
enseñanza. Estos principios eran los
siguientes (Glasser, 1979):
1) No
aburrir bajo ningún pretexto, incluso sacrificando los aspectos más arduos del
concepto que estuviera tratando.
2) Exposición
de las matemáticas a partir de los problemas.
3) Presentación
de numerosas formas de resolver el problema.
Es decir, una serie de recetas metodológicas
que en ningún caso se deben considerar como didáctica de la matemática de
manera explícita.
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